Cuando hace más de nueve de años de los ataques del 11-S del “World Trade Center” y el comienzo de la guerra contra el terror, sale a la luz “Restrepo” un documental de  Tim Hetherington y Sebastian Junger, rodado en 2007 en el Valle de Korengal, el lugar más peligroso de Afganistán.

Restrepo, divorciado de las justificaciones políticas de la guerra y las estrategias de combate, es un documental “centrado en las personas”, esas que no entienden la guerra como argumento filosófico o acto legislativo sino como un acto que ha desordenado sus vidas. El cambio de enfoque de lo político a lo personal tiene algunas consecuencias concretas en el espectador, una empatía con el soldado que nunca antes se había conseguido.

Exceptuando algunas explicaciones sobre el fanatismo religioso y los errores militares que  han atrapado a Estados Unidos y a otros en el país persa, sigue siendo un filme centrado en la 173ª brigada aerotransportada del ejército americano enclavado en el Valle del Korengal, en concreto en un grupo de 15 soldados y sus cicatrices físicas y emocionales mostradas tanto en el propio campo de batalla como en las entrevistas realizadas tras su vuelta a casa. Los directores tratan de plasmar todo lo vivido por los protagonistas desde la bromas y la camaradería del pelotón a su llegada como las emociones vividas por cada uno de ellos tras cada enfrentamiento, sobre todo cuando empiezan a acontecer las primeras bajas y los sentimientos más profundos que causan en los soldados desde la alegría del deber cumplido hasta las lágrimas por el compañero perdido .

Y no sólo es un documental de emociones, sino que nos transporta a la guerra con imágenes increíbles de ráfagas de disparos en todas direcciones, zoom inestables de la cámara, movimientos a modo de látigo e incluso como tras un explosión se pierde la captación del sonido de la cámara, paradojicamente se consigue una  sensación de realidad .Suponemos que sea la decisión de un documentalista para seguir filmando, independientemente del equipo dañado, ya que ofrece un momento muy cinematográfico de confusión sensorial. En estos combates a cientos de metros entre contendientes, el cámara hace poco por situar el origen de los disparos y probablemente ni pueda, siendo esto como una orientación a la desorientación de los propios soldados.

El documental que recibe su nombre del soldado de 20 años Juan S. Restrepo que perdió la vida a los pocos días de su llegada al valle, y que se convierte en la imagen principal de juventud perdida en una guerra que no es suya. Este documental que se estrenó el 29 de noviembre en en Estados Unidos y que recibió el Premio al Mejor documental en el Festival de Cine de Sundance nos da una gran lección de la crueldad de las guerras, pero Afganistán aún tiene muchas lecciones que darnos.

Juan Alises

Anuncios