Sebastián y Costa, ambos en la treintena, se han propuesto hacer una película sobre uno de los grandes iconos mundiales, Cristobal Colón. Mientras que Sebastián quiere como director darle la vuelta al mito y presentar al Colón obsesionado por el oro, cazador de esclavos y represor de indios, a Costa solo le importa sacar la película adelante con el modesto presupuesto del que disponen, incluso si para ello hay que rodar en Bolivia, uno de los países más baratos y con mayor población indígena de América Latina. Costa, Sebastián y su equipo van a rodar a la ciudad de Cochamba y alrededores, donde la privatización y venta del sistema de aguas de la ciudad a una multinacional está sembrando el descontento entre sus habitantes. (…) Pasado y presente, ficción y realidad, se mezclan y toman forma a través de las decisiones y del enfrentamiento entre dos hombres jóvenes cuyas conciencias les guiarán hasta donde nunca hubieran imaginado. (FILMAFFINITY) 

(Cartel de la película)
Sorpendente película que, más propia que de nuestro cine, parece sobrepasar las fronteras de la península para haber sido un producto ajeno. Ambientada en Bolivia, esta película reproduce varios fenómenos actuales y pasados, aportando unos geniales diálogos, unos buenos planos, y una interesante historia.
Sobre cómo rodar una película usando el concepto de “cine dentro de cine” tiene un máster. Conocer dos historias, la “real” y la “ficticia”, se hace fácil porque el guión y la producción han allanado el terreno previamente. El intento de Sebastián (Gael García Bernal), director de cine, y Costa (Luis Tosar), productor, por hacer una película en un ambiente hostil en el que el pueblo boliviano se levanta contra el poder a causa de los abusos de una multinacional, se mezcla con el relato que se pretende contar en el film secundario. 

En la película que pretenden rodar los protagonistas, se cuenta cómo llegó Colón a América, explotando a los indígenas como consecuencia de su ambición y su sed de oro. Los paralelismos que se pueden ver entre las dos historias no son, para nada, fruto de la casualidad. Muy buen trabajo expresivo y técnico.

(Juan Carlos Aduviri, en uno de sus papeles, Hatuey)
Cabe destacar el fortísimo papel interpretado por Juan Carlos Aduviri (interpretando a Daniel y a Hatuey en la película). Un actor con fuertes rasgos indígenas que resulta de lo más interesante de todo el reparto. Aunque tampoco nos podemos olvidar de Karra Elejalde (Antón y Cristóbal Colón en la cinta), Carlos Santos (como Alberto y como Bartolomé de las Casas) o Raúl Arévalo (poniéndose en la piel de Juan y de Antonio Montesinos).
Un film que en ningún momento carece de ritmo, que aporta las dosis necesarias de dramatismo, inteligencia, realismo, ficción, crítica social, y tímidos apuntes de humor. Muy equilibrada y proporcionada, resulta un gran trabajo de la directora (y actriz) madrileña Icíar Bollaín, que, con esta película, se consolida en el cine detrás de las cámaras.
(Icíar Bollaín durante un momento del rodaje)
Una buena recomendación cinematográfica para el final de estas navidades, si se quiere escapar de lo típico que se ve en las pantallas durante esta época. Un genial Luis Tosar, un convincente Gael García Bernal, un buen descubrimiento el de Juan Carlos Aduviri, y un gran reparto de secundarios. Todo esto para darle vida a una idea que, por lo menos para el que está escribiendo, resulta muy potente y, por qué no, resultona.
Autor de la crítica: Kike Martín
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