Hoy hace un año desde que la naturaleza se cebara con Haití. Un fuerte terremoto de 7’0 grados en la escala de Richter. Además, como siempre sucede, en las horas y días posteriores se dieron una serie de réplicas, en este caso de gran magnitud también, entre los 5 y los 6 grados en la misma escala.

Aspecto de una parte de su capital, Puerto Príncipe

Sí, exactamente hace un año hoy de todo esto, y, lejos de que la situación en el país americano mejore, las cosas cada día van a peor. Los daños causados por el seísmo alcanzaron cotas impresionantes. Se estima que murieron entre 250.000 y 300.000 personas, aunque sólo es un cálculo aproximado, es decir, que se cree que son más, ya que hubo cuerpos que se quemaron o enterraron durante los primeros días para evitar contagios de enfermedades, y porque aún quedarán cuerpos bajo los escombros.

Los daños materiales, incontables, resultan tan elevados y tan exagerados que aún hoy, después de 12 meses, cerca de un millón de personas viven en la calle. Sus casas nunca fueron (y se duda que puedan ser) reconstruídas. Su modo y forma de vida, a día de hoy, es miserable. Se crearon campamentos que, además, con el paso de los meses, han ido mejorando en infraestructuras (letrinas, agua para bañarse, luz…) pero aún tienen que pagar cosas tan esenciales como el agua que llevarse a la boca. La idea es que no sean “lo suficientemente confortables” como para que la gente desee quedarse allí para siempre.

En octubre de 2010, la tragedia vuelve a machacar a los haitianos. El cólera, una enfermedad sobre la que los ciudadanos no sabían absolutamente nada, comenzaba a avanzar a una velocidad vertiginosa. Con la escalofriante cifra de 40 víctimas mortales diarias, son ya 3.700 los muertos y más de 200.000 los afectados.

Hospital de campaña improvisado por las ONG’s

Los pueblos y las civilizaciones tienen un límite, y el de los haitianos llegó en 2010. La violencia empezó a apoderarse de las calles. Las tropas de los Cascos Azules sufren agresiones y ataques diarios desde que se extendió la idea de que el cólera había sido llevada por ellos desde Nepal, y que en vez de en misión de paz y ayuda humanitaria, se encuentran en Haití como producto de una ocupación.

Las agresiones y violaciones por parte de civiles a civiles también son muy numerosas. Grupos de hombres jóvenes, armados y organizados, se dedican a violar mujeres desde que el descontrol y el hacinamiento se hicieron dueñas de las calles. Según las palabras del último informe de Amnistía Internacional “bandas armadas atacan a voluntad, a sabiendas de que hay muy pocas perspectivas de que sean llevadas ante la justicia”. ¡La policía pide dinero a las mujeres que se atreven a denunciarlo! Les dicen que deben pagar para que se investigue. Esto con suerte, porque en la mayoría de casos ni les prestan atención.

Campamento de Haití

A pesar de la actuación de las ONG’s, a pesar de la ayuda humanitaria, a pesar de la preocupación y ejecución de planes de socorro, el país sigue sumido en la miseria, empeorando por momentos. Muchos ciudadanos que hicieron donativos se preguntan ahora si su dinero llegó al fin para el que había sido destinado, o por el contrario ha habido “manos de terceros” llenando sus bolsillos a placer aprovechando la coyuntura.

Personajes de la vida pública se han puesto al frente de un “ejército de salvación” apenas corpóreo e identificado que pretende sacar a Haití de la situación que está viviendo. El conocido cantante, músico, productor y DeeJay Carlos Jean, gallego de origen haitiano, está llevando a cabo una campaña de ayuda económica y humanitaria mediante la música.

Carlos Jean ha desarrollado “Mezclando por Haití” y ha compuesto la canción “Ay, Haití!”

Muchos colectivos se preguntan por qué los que tienen poder para actuar no lo han hecho ya. La solidaridad ciudadana y la actuación del mundo de la cultura es importante. ¿Pero qué pasa con los grandes poderes políticos y económicos? Mientras un país se hunde cada vez más en sus propias ruinas, el resto del mundo (y en especial Occidente) giran la cara para no mirar y se cruzan de brazos. ¡Tienen que moverse ya! Pero mucho nos tememos que aquí nadie mueve ni un sólo dedo, y cómo rezaba hoy el titular de un conocido periódico español: “Haití, del país más pobre al más miserable”.

Autor: Kike Martín, del blog Tintero Idealista

Anuncios