Ayer miércoles se jugaron unos cuantos partidos amistosos de selecciones. No es nada nuevo, todo el mundo lo sabe, y es más, casi todos los lectores conocerán los resultados de, al menos, los más destacados. Jugaron Francia, Brasil, Portugal, Argentina, Italia, Holanda y cómo no, España, entre otros.

Selecciones punteras todas las mencionadas, que tienen jugadores repartidos por las mejores ligas del mundo. Ligas que están ahora mismo en su momento de mayor exigencia. En España Barcelona y Real Madrid se disputan la primera posición de la tabla de la Liga BBVA, aunque todo parece decantarse por los azulgranas de cara a la consecución del título. Mientras tanto, los puestos para poder jugar las competiciones europeas están muy solicitados. Las novias van desde el Villareal al Sevilla, pasando por Valencia, Athletic o Espanyol.

En Inglaterra, la Premier se debate entre equipos de la talla de Manchester United, Arsenal, Manchester City o Chelsea. Para las plazas europeas no contamos con menos aspirantes, Liverpool, Tottenham o Sunderland esperan el fallo de cualquiera de los de arriba.

En Italia los siete primeros clasificados de la Liga Calcio se encuentran recogidos en un puño. Tan sólo diez puntos los separan a todos ellos, desde el Milan hasta la Roma. La Ligue 1 francesa está aún más apretada. Tan sólo nueve puntos separan a los siete primeros, con sus mejores equipos en lo alto de la tabla.

Esto es sólo por poner un ejemplo. ¿A qué viene todo esto? Pues a que un servidor no entiende por qué con un nivel tan alto de competición como en el que se encuentra el fútbol europeo ahora mismo, con la Champions a la vuelta de la esquina, las Copas de cada nación, y las ya mencionadas y comentadas ligas al rojo vivo, se tienen que celebrar partidos amistosos de selecciones absolutas.

¿Qué podemos conseguir así? Lesiones de jugadores clave, por ejemplo, lo que supondría más de un enfrentamiento entre los clubes y las federaciones. Viajar, concentrarse con la selección, adaptarse de nuevo a una dinámica de grupo distinta, jugar, volver a viajar… Son unos trabajadores más (con todas sus especiales características y remuneraciones, sobra mencionarlo) pero creo que este tipo de enfrentamientos amistosos para lucir palmito están completamente fuera de lugar.

Kike Martín

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