Ayer el país centroeuropeo batió un record mundial, pero no deben sentirse felices por ello. ¿Por qué? Porque ayer se cumplieron 249 sin gobierno después de unas elecciones generales. Batieron la “marca”, que significa un gravísimo atraso político y social, que hasta ahora ostentaba Irak. Ahí es nada.

De poco han servido las protestas que la mayoría de los sectores ciudadanos han trasladado a las calles durante una jornada que fue bautizada con el nombre de la Revolución de las Patatas Fritas (haciendo alusión al icono gastronómico belga).

Estas demostraciones del enfado popular se produjeron después de que el Rey Alberto II decidiese prolongar hasta el 1 de marzo la misión de mediación en la crisis política que lleva a cabo Didier Reynders, que defiende que hay que “reconstruir el clima de confianza”, porque según él se ha perdido.

Didier Reynders

La prensa belga ha llevado este tema a sus portadas, todos los medios han publicado este dudoso record. El diario económico L’Echo publicó, literalmente: “Este jueves no veremos decenas de miles de ciudadanos de fiesta en la Grand Place de Bruselas, como en la época mexicana de los Diablos Rojos, en la copa del mundo de fútbol de 1986. ¡Y sin embargo, nos hemos convertido en campeones del mundo!”

La caída del régimen anterior se produjo en el mes de abril del pasado año, debido a la retirada del partido liberal flamenco Open VLD de la coalición por no estar de acuerdo en muchos puntos con el régimen lingüístico establecido en la periferia de Bruselas. ¡Qué curioso, en otras partes también se pegan por sus propias lenguas!

Tras la dimisión del entonces presidente Yves Lenterme, se convocaron elecciones para junio, en las que ninguna formación política obtuvo mayoría suficiente para mantener un gobierno en solitario, parte fundamental del régimen electoral belga.

Yves Lenterme

¿Un sistema político que se pudre por la incompetencia de sus propias leyes electorales? ¿Quizá es el monarca el culpable, si es que realmente pinta algo en todo esto? La verdad es que me parece inconcebible que pueda suceder esto en un país que forma parte del mundo desarrollado, del corazón de Europa. ¿Es que acaso avanzamos hacia atrás?

Y lo peor de todo es que no tiene pinta de que vaya a solucionarse en un plazo de tiempo corto. ¿Hasta cuándo será capaz de aguantar el pueblo de este país esta situación? ¿Por qué las autoridades europeas, si es que de verdad sirven para algo, no intervienen para implantar la “legalidad” en un sistema que parece corrupto? ¿Seguirán elevando el listón de este triste record?

Kike Martín (blog)

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