El Madrid salió en tromba, dispuesto a disipar los fantasmas que sobrevolaban el Bernabéu en forma de antiguas eliminatorias. El Lyon, por su parte, pareció utilizar la misma estrategia que el año pasado: dejar que el tiempo avanzase a la espera de una contra o una jugada a balón parada que les permitiese anotar el gol necesario para su clasificación. Pero este Real Madrid no es el del año pasado. Marcelo tampoco lo es. Lo demostró a la media hora de partido, cuando realizó una gran diagonal dejando defensores del Lyon a su paso, un último recorte para acomodarse el balón a su pierna buena y un balón cruzado ante el que nada pudo hacer Lloris. La primera parte finalizó con dominio del equipo local, varias paradas de mérito de Lloris (se ha llevado tres del Bernabéu y ha sido el mejor de su equipo) y la sensación de que la renta conseguida era escasa para los siguientes 45 minutos.

Özil fue, una vez más, uno de los mejores jugadores del Madrid, moviéndose por todo el frente de ataque y sirviendo balones a sus compañeros que, la mayoría de las veces, se encontraban con el meta francés. En el minuto 65, Karim Benzema aprovechó un regalo de la zaga del Lyon tras un pase largo de Marcelo para anotar el segundo batiendo a Lloris por debajo de sus piernas (una vez más). Ese gol trajo la tranquilidad absoluta al Bernabéu, un estadio entregado hoy más que nunca a su equipo. Todos los jugadores fueron conscientes de lo que ese gol significaba: el conjunto blanco volvería a estar entre los ocho mejores equipos de Europa más de un lustro después.

Cristiano Ronaldo fue sustituido poco después del gol de Benzema. Muy flojo partido del portugués; si no está para jugar, que no juegue; cualquier jugador al 100% es mejor que otro al 70%, independientemente de su calidad o de sus ganas de jugar. El tercer gol lo anotó Di María con un precioso toque por encima de Lloris tras recibir una asistencia de Özil de cabeza; el alemán es capaz de dar un balón de gol con cualquier parte del cuerpo. Poco más tuvo el partido. Bueno sí, tuvo a un Pepe sobreexcitado que bordeó la expulsión con 3-0 por un pique estúpido con Cissokho, que pasaba por allí. El central portugués debe medir mucho mejor sus acciones y dejar de confundir intensidad con agresividad; algún día le va a costar un disgusto a su equipo.

Autor: El Bigote de Preciado

Fuente imagen: marca.com
Anuncios