Los meses decisivos de la temporada han llegado. El Real Madrid está, a diferencia de otros años, presente en las tres competiciones. Algo extrañamente bueno para la categoría del club, que este año ha enterrado modernas maldiciones. El nueve veces campeón de Europa, no alcanzaba los cuartos de final de Champions desde hace seis años, y una final de copa desde 2004. Parecen buenos presagios para otra extraña maldición: la de 2004.

El equipo de los galácticos afrontaba una recta final de campeonato similar, luchaban por todo. El equipo de Queiroz parecía poder lograr el triplete. Una plantilla con leyendas del fútbol como Zidane, Ronaldo, Figo o Beckham podía y debía ir a por ello. Pero aquella obra acabó en tragedia. Todo comenzó con la final de Copa con un rival asequible, el Zaragoza. Los galácticos perdieron por 2-3 en un desenlace que hundió el equipo. Después de aquello no volvieron a levantar cabeza y perdieron contra el Mónaco en la Champions, y poco a poco la Liga. El Valencia se hizo con el campeonato aquel año, el Real Madrid quedó en cuarto lugar.

Modernas maldiciones. Cuentos de agorero que pueden quedarse en nada. Pero existen similitudes con aquel equipo, la más evidente, el poco uso de los recambios del equipo. Ya lo dijo Mourinho: “no va a haber muchas rotaciones, tengo un equipo base”, y lo ha cumplido. Parafraseando al frustrado Pellegrini, los “titularisimos” han cumplido con creces los minutos lógicos de una plantilla tan amplia y tan cara.

Quizás este equipo sea distinto precisamente por Mourinho. Su impronta de líder ha calado en los blancos, que a ojos de muchos son otro equipo con respecto a la temporada anterior. Muy distinto al estilo desdibujado de Queiroz, y eso que parecía fácil seguir el camino exitoso de Del Bosque. Queiroz abandonó Chamartín siendo el triste origen de un peregrinaje en busca del entrenador perfecto.

Aquellos galácticos no pudieron con todo y esta plantilla se enfrenta al mismo reto. Han pasado siete años y los rivales han cambiado. Decir que el Barça asusta, es políticamente incorrecto.

David MD

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