“No sabemos en qué condiciones terminaremos la competición pero vamos a jugar hasta el final” , eso dijo Míchel el capitán del Rayo Vallecano ayer al terminar la reunión con el presidente de la AFE Luis Rubiales. En estos momentos la plantilla del Rayo Vallecano esta sola, no hay nadie quien la ampare.

Cuentas embargadas que desembocan en una deuda de la entidad con la plantilla. Pero todos sabemos que hay parte de los ingresos que los jugadores no ven y si que llegan a las arcas del club. Como en todo enfrentamiento jefe – patrón al primero se le pone en tela de juicio. En estos momentos la familia Ruiz-Mateos  no pasa por su mejor momento, demasiados proyectos ambiciosos que acaban en la más profunda tragedia. Diez empresas y sus 16.000 mil empleados esperan con resignación una posible solución, esta tardará en llegar. Hace unas semanas Míchel nos explicó la situación en Segundo Anfiteatro.

Una de esas diez empresas es el Rayo Vallecano, equipo legendario del barrio de Madrid, apreciado en una buena parte de la península llegó a jugar la UEFA en la temporada 2000/2001. Siguió en Primera, descendió a Segunda y cayó al infierno de Segunda “B”. Tras eliminar en los playoffs al Benidorm y el Zamora volvió a la División de Plata con un proyecto cargado de ambición. Dinero y cantera con el objetivo de que Vallecas volviera a la mejor liga del mundo.

En su primer año estuvo cerca pero no era su momento, equipos como Hércules, Zaragoza, Tenerife o Xerez dejaron muy alto el listón. En el segundo año comenzó bien pero se desinfló a mitad de competición, ahí Felipe Miñambres sustituyó a Pepe Mel. Y en este su tercer año, el Rayo es líder con seis puntos de ventaja con respecto al tercero. Pero todo no iba a ser de color de rosa, la plantilla se ve inmersa en una situación que no es la propicia para conseguir un ascenso. Los impagos desde la temporada pasada han hecho que los jugadores hayan llegado al plantearse no jugar en Valladolid este fin de semana.

Al final jugarán y hacen bien. La salud económica del Rayo mejorará si el equipo sube a primera división. Si esto sucede allá por el mes de junio será más fácil encontrar un comprador que parece que en estos momentos existe pero que la gran deuda existente le tira para atrás. También será más sencillo que los jugadores perciban buena parte de los salarios que se le adeudan. Si aun así no se encontrara comprador ni se saldase la deuda con los jugadores, a estos un ascenso les subiría el caché y tendrían la posibilidad de fichar por otros equipos con un futuro más alentador.

Y es que en estos momentos los jugadores vallecanos miran al futuro con el triste pensamiento de que el dinero nunca llegará a sus bolsillos, triste pero real. También merecen más espacio en los medios trabajadores como los de Clesa, Garvey o Dhul, puede que ellos nunca hayan tenido la posibilidad de tener unos ahorros y en estos momentos se ven en la misma situación, solos ante la adversidad.

Pedro Antolinos

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