Un 5-0 tiene sus consecuencias. Aquella larga noche para el madridismo, Mourinho se traicionó así mismo y salió al campo con doble pivote. Era evidente que la disposición táctica del Madrid ante el Barcelona iba a variar. El portugués alineó a Pepe en el centro del campo acompañado de Khedira y Alonso. El portugués cumplió pero debió ser amonestado. El sacrificado fue Özil. Toda una declaración de intenciones.

No fue la mejor versión del Barcelona, pero tampoco era necesaria.  Mourinho, sin respetar a los madridistas más ortodoxos, marcó una muralla defensiva en la que Benzema situado en el centro del campo era el hombre más adelantado,  los culés mientras tocaban y tocaban hasta buscar una oportunidad. Que llegarán a alcanzar el 78% de posesión no era una casualidad. Cada eslalon de Messi o Iniesta se convertía en una lucha de obstáculos. En unos de esas incursiones el argentino asistió a Villa y este fue arrollado por Casillas. Muñiz Fernández no señaló nada. También la tuvo Messi pero eligió la frivolitez en lugar de la eficacia.

El Madrid estaba maniatado pero no dormido, jugándoselo todo al contragolpe de una manera muy clara también tuvo sus ocasiones. Di María en primer lugar se emborrachó de balón y desperdició una grata ocasión para adelantar en el marcador a los madridistas, al igual que Ronaldo que no estuvo rápido a la hora de definir ante Valdés y Adriano se mostró providencial. No estuvo mal el Madrid a balón parado, a las acaballas de la primera mitad Adriano salvó bajo los palos un remate de cabeza de Ronaldo.

Empezó la segunda mitad y Cristiano avisó. El portugués movido por el ansia y por las ganas de hacer malabarismos innecesarios mandó el balón a la cepa del palo en lo que era la mejor ocasión del partido. El Barcelona respondió, Villa se adentró en el área y Albiol cometió un penalti innecesario sobre el asturiano. Ayer el de Tuilla no marcó pero dio un recital de lo que viene siendo el arte del desmarque. Messi transformó el penali y Albiol se fue a la calle, el Madrid estaba contra las cuerdas. Resultado adverso y un hombre menos.

 Pero ahí fue cuando el Barcelona no tuvo la ambición necesaria que le había caracterizado en anteriores batallas. Los azulgranas perdieron la fuerza que perdió su capitán, caído en combate y no disponible para la copa.  Y el Madrid como excelente equipo con grandes baluartes lo aprovechó. Mou dio entrada a Özil en lugar de Benzema. El fútbol agradeció la presencia del alemán en el terreno de juego. El conjunto de Mou no se caracteriza por tener a grandes innovadores, Özil es uno de ellos y por eso debe jugar. Transcurría la segunda mitad el Madrid con uno menos se desmelenó y sacó la casta que viene siendo habitual en Concha Espina.

Con la fuerza de un recién incorporado Adebayor y con las incursiones por banda de Marcelo los blancos se veían con posibilidades de desmontar la fiesta blaugrana. Hasta que Dani Alves cometió un dudoso penalti a Marcelo. Muñiz Fernández al pitar penalti debe amonestar por segunda vez al Brasileño. Cristiano Ronaldo truncó su mala racha frente a los culés transformando el penalti.

 El Madrid siguió empujando ante la intuición de que el Barcelona no quería nada más. El empate era un resultado perfecto para los de Pep. Sin poner como objetivo la liga, para el Mardrid tampoco es un mal resultado. El objetivo principal de los de Mou en este clásico era sacar un resultado positivo para saberse con posibilidades ante un equipo que es difícil de descifrar. Con un empate justo por ocasiones y con poco fútbol acaba el primer de los cuatro clásicos. El miércoles será otra historia.

Pedro Antolinos.

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