La Copa, ese título defenestrado por numerosos entrenadores en el pasado, es desde hace unas semanas el centro de atención en el fútbol español. Ante la urgencia de títulos por parte de los blancos y la inagotable ambición de los azulgrana, la Copa del Rey se presenta como una oportunidad de oro de minar la rival del adversario. Es el segundo del póker de “clásicos” que Real Madrid y Barcelona disputarán en poco más de dos semanas (el primero fue el de Liga y los dos siguientes corresponden a las semifinales de la Champions League). Mucho se habló en el pasado de cómo mejorar el prestigio de esta competición española; la plaza de Europa League que se otorga al vencedor parece un premio menor para algunos clubes (los mismos equipos que aquí nos ocupan, Barcelona y Real Madrid, dejaron la Copa del Rey en un segundo o tercer plano en numerosas ocasiones) y sólo la necesidad de levantar un título por parte de los dos “grandes” ha revitalizado esta edición del trofeo.

En unas horas dará comienzo el partido que decidirá, de manera definitiva, quién es el primero de los vencedores de esta temporada. Todo apunta a que la Liga se irá camino de Barcelona unas cuantas semanas antes que el calendario marque la jornada 38. La Champions League puede quedar condicionada por el resultado de esta noche; una inyección de moral puede ser definitiva para el desarrollo de la semifinal, aunque los resultados cosechados por el Real Madrid en el Camp Nou en las últimas temporadas colocan a los de Guardiola como favoritos para esa eliminatoria. Apenas se escucha la versión opuesta, aquella que habla de la épica de la revancha por parte de los derrotados, la inyección de testosterona en algunos jugadores para superar al rival que recientemente les haya vencido. No se preocupen, si aún no han tenido suficiente con la final de Copa y toda la parafernalia que ha rodeado al acontecimiento, las dos semanas restantes hasta el partido de vuelta de Champions League harán a más de uno aborrecer todo lo relacionado con Real Madrid o F.C. Barcelona, cuyos presupuestos superan, entre ambos, los 850 millones de €.

Autor: El Bigote de Preciado (@preciadobigotin)

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