Aquel trágico 6 de Abril

Parece mentira, pero han pasado ya ocho años desde que nos dejó Daijiro Kato tras su accidente en Suzuka del 6 de Abril de 2003, en una de las recientes fechas negras del campeonato mundial de motociclismo. Tras un brutal impacto contra un muro a más de 200 km/h; pasó dos semanas en coma irreversible, en estado tetrapléjico y con respiración asistida hasta que finalmente acabó falleciendo de paro cardíaco la madrugada del día 20. El mundial quedó conmocionado por la trágica noticia, que dejaba a la categoría de MotoGP huérfana de uno de sus principales animadores, que además había iniciado la temporada postulándose como la única alternativa viable a la hegemonía Rossi. Y por más que Sete Gibernau recogiese la moto y el testigo del japonés, la pérdida del mítico 74 dejó la lucha por el mundial de 2003 en algo totalmente secundario.

Kato afrontaba el inicio de su segunda temporada en la categoría reina tras haberse proclamado campeón mundial de 250cc en 2001, convirtiéndose en el segundo japonés en hacerse con un título de la categoría, tras la victoria de Tetsuya Harada en 1993. Tras un 2002 de aprendizaje, donde consiguió una meritoria séptima plaza final -rookie del año incluido-, 2003 tenía que ser su año. Y con tal ilusión llegaba a Suzuka, carrera inaugural de aquella edición mundialista. Apenas pudo dar tres vueltas cuando aquel muro acabó con su vida. El trazado de Suzuka fue denunciado y retirado del campeonato por falta de medidas de seguridad, pero Daijiro jamás volvería. Y con él también se irían la mayor parte de las esperanzas de los japoneses de encontrar de nuevo a un gran campeón, en un país de gran tradición que pocos años atrás contaba con una nutrida representación en las parrillas del mundial, con nombres tan míticos como los hermanos Aoki -Haruchika, Nobouatsu y Takuma-, Masao Azuma, Tadayuki Okada, Noboru Ueda, Youichi Ui, Shinya Nakano, Kazuto Sakata, Tohru Ukawa, Masaki Tokudome… Grandes campeones todos ellos, pero generalmente en las categorías pequeñas. Kato estaba llamado a ser el primer nipón en ganar la categoría reina -siempre con el permiso de Rossi, por supuesto-. Jamás sabremos hasta donde hubiera llegado, pero era sin duda uno de los grandes talentos que había dado el motociclismo mundial desde Mick Doohan o el propio Vale. En su corta carrera consiguió 17 victorias y 27 podios en 53 carreras disputadas en el mundial, unos números al alcance de muy pocos.

El inicio de la maldición japonesa

Pero desgraciadamente, Kato no iba a ser el último gran piloto japonés en dejarse la vida en el asfalto. Evidentemente el nombre de Shoya Tomizawa nos viene a todos a la mente; pero entre ambos hubo otro magnífico piloto nipón que perdería la vida de forma prematura. El 7 de Octubre de 2007, Norifumi “Norick” Abe perdió la vida en la ciudad japonesa de Kawasaki tras ser arrollado por un camión cuando circulaba con su moto. Es cierto que el escenario no fue el mismo, dado que no era un circuito, pero de nuevo fue un golpe tremendo para el mundo del motociclismo mundial. Y para el público japonés en particular.

Norick fue un fijo en la categoría reina durante prácticamente una década, hasta que decidió ser piloto de pruebas con la llegada de las nuevas MotoGP que sustituían a las clásicas 500. Su mejor año fue 1996, donde acabó el campeonato en 5ª posición; pero su gran arma fue su regularidad, ya que acabó en el top 10 de forma ininterrumpida desde 1995 hasta 2002, consiguiendo 3 victorias -incluida la primera de un nipón en la categoría reina- y 17 podios. Pero sobre todo, consiguió ganarse el afecto de todo el paddock y de los espectadores, gracias a esa eterna sonrisa que llevaba debajo de su famosa melena.

Y finalmente, el fatal accidente de Tomizawa en Misano el pasado 5 de Septiembre, donde el joven piloto de Asahi perdió la vida a los 19 años, en la que era su segunda temporada completa en el mundial de motociclismo. Shoya rodaba en grupo cuando tuvo una extraña caída en la que la moto le escupió hacia dentro de la pista, viéndose arrollado por Álex de Angelis y Scott Redding, que nada pudieron hacer por evitar el impacto que sus motos con el cuerpo del japonés, por el que nada pudieron hacer las asistencias.

Shoya había completado el 2009 en la categoría de 250cc, con un décimo como mejor resultado; pero con la llegada de Moto2 consiguió vencer en la cita inaugural de Qatar. En el siguiente gran premio en Jerez fue segundo, en lo que serían sus dos únicos podios en el mundial. Paradójicamente, el ídolo de su infancia había sido el propio Kato, a quien homenajeaba con un pequeño 74 ubicado en su mono. Se repetía la pesadilla en Japón, que de nuevo veía como la gran promesa del momento de uno de sus deportes míticos se dejaba la vida en un circuito. Otro gran palo para un país que ha visto reducirse considerablemente su número de pilotos en el mundial. Sólo quedan Hiroshi Aoyama en MotoGP, Yuki Takahashi en Moto2, y Tomoyoshi Koyama y el debutante Hiroki Ono en 125cc.

Sólo queda esperar que la maldición que persigue a los nipones acabe con la muerte de Shoya, y que podamos seguir viendo esta bandera alzarse detrás del cajón, no en homenajes ni funerales.

Nacho González

Swinxy Sports

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