En 1952, Elia Kazan declaraba ante el Comité de Actividades Anti-Americanas. Su delación de compañeros de oficio que militaban en el partido Comunista en Estados Unidos le valió la marginación de una gran parte del sector cinematográfico. La denominada “Caza de brujas” iniciada por el senador McArthy se llevó a muchos buenos cineastas por el camino y otros muchos cayeron en desgracia. Una vez pasado el furor persecutorio hacia el comunismo en Norteamérica, empezó a salir a la luz los delatores; Kazan integraba ese grupo de célebres traidores a la causa ya que él también militó casi dos años en el partido Comunista. A partir de ello, allá por los años 60 Kazan cae en desgracia. Sólo un dato, a partir de ello, el cineasta de origen turco solo realizó cinco films en 40 años. Pero antes de ello realizó un magnífico trabajo con sus films. Sobretodo esa década prodigiosa que fue para él, los 50. Un tranvía llamado deseo (A streetcar named desire, 1951), Viva Zapata! (1952), La ley del silencio (On the waterfront, 1954) o Al este del Edén (East of Eden, 1955) son claros ejemplos de ello.

La ley del silencio nos ofrece una visión realista de los muelles. El argumento es el siguiente: La vida de los estibadores de los muelles neoyorquinos es controlada por un mafioso llamado Johnny Friendly. Terry Malloy es un ex-boxeador que trabaja para él y ha sido testigo y autor indirecto de alguna de sus fechorías. Cuando conoce a Edie Doyle, hermana de una víctima de Friendly, se produce en él una profunda transformación moral que lo lleva a arrepentirse de su vida pasada. A través de Edie conoce al padre Barrie, quien le anima para que acuda a los tribunales y cuente todo lo que sabe.

El relato que nos cuenta Kazan está rodeado de unos escenarios exteriores cercanos a los muelles de Brooklyn e incluso es habitual en el film ver como extras a descargadores del muelle o a mendigos. También en los papeles de guardaespaldas o “gorilas” de los extorsionadores trabajaron boxeadores profesionales de la época. Este film nos habla sobre la delación y el dilema que tiene el protagonista, Brando, en decidir que es lo correcto si silenciarse o hablar. El Terry Malloy de Brando y la Edie Doyle de Eva Marie Saint son dos seres que intentan sobrevivir al desarraigo, al fracaso, y a la desesperación. Como alguien dijo su amor nace de dos soledades compartidas que crece en un medio hostil, y que camina hacia la toma de conciencia de él y al perdón, a través del amor, de ella.

Más allá de la bajeza intelectual que supone convertir en la película a los comunistas que él denunció en los inmorales hampones a los que se enfrenta Marlon Brando estamos ante una obra lírica y terrible. Cima de la maestría narrativa del autor, además de un sórdido y asfixiante retrato de personajes al límite. Kazan con su magistral dirección nos ofrece una extraordinaria película que se sustenta en la fuerza de la historia, basada en un hecho real, en un excelente guión, y en una extraordinaria dirección de actores, todos ellos maravillosos, recompensada con nominaciones a los Oscar para Lee J. Coob, Rod Steiger y Karl Malden, y con la estatuilla para Eva Marie Saint (actriz secundaria) -en su brillante debut en el cine- y para Marlon Brando (actor principal) como justo premio a la que probablemente sea una de las mejores interpretaciónes que actor alguno haya plasmado en una pantalla de cine. Algunas de las secuencias pudorosamente intimistas entre Brando y Eva Marie Saint en las que el actor alcanza niveles insuperables son suficiente argumento para corroborar tal afirmación

Como curiosidad, este film está preservado en el archivo de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos de América.

Film duro, de una tensión dramática implacable, sin embargo no renuncia a momentos bellísimos de un lirismo arrebatador. A caballo entre el film de denuncia y el melodrama social. La brillante fotografía en blanco y negro de B. Kaufmann y la espléndida partitura de Leonard Bernstein, colaboran a hacer de “La ley del silencio” una obra maestra incontestable del cine. Un clásico a reivindicar.

Sergi Laparra

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