Madrid y Barça llegan ya a la recta final del “mes de los clásicos” para enfrentarse en los dos partidos más importantes de los que han jugado esta temporada. Las semifinales de la Champions marcarán el signo de final de campaña para merengues y culés. El que acabe victorioso será alabado como el mejor club del mundo, mientras que aquel que sea derrotado agachará la cabeza a la espera de una temporada más próspera, a pesar de que ninguno se irá de vacío.

Dos cruces en Liga y la final de la Copa del Rey son los precedentes a los que podemos referirnos en esta campaña en la antesala a la eliminatoria europea. Una goleada en el Camp Nou a principio de temporada auguraba que el Real Madrid no iba a poder, ni aún cambiando de entrenador y con una plantilla plagada de grandes figuras, vencer al mejor Barcelona de la historia. Pero Mourinho, haciendo gala de estrategia, consiguió que su equipo frenara a los blaugranas en el partido liguero del Bernabéu (consiguiendo un empate a 1) y vencerlos en Mestalla en la final copera con un gol de Ronaldo en la prórroga. El sino en los clásicos aparenta haberse invertido después de los dos últimos encuentros.

Los aficionados madridistas se presentan ahora mucho más confiados de cara a estos dos últimos enfrentamientos que nos esperan. Sin embargo, en el seno culé parece que las cosas están cambiando. Sea por respeto, por modestia o por precaución del entrenador del Barça, Pep Guardiola se ha mostrado cauto y en cierta parte victimista en sus últimas declaraciones.

Por su parte, la prensa de la capital y la de la ciudad condal hacen la guerra por su cuenta. En Madrid se presume y en Barcelona se quejan. Actuaciones arbitrales, jugadores del equipo propio o del contrario y, sobre todo, los entrenadores son foco de atención. La clave es calentar el ambiente y dejarlo todo preparado antes de la semifinal de la Champions.

Para unos y para otros lo que les viene es tremendo. ¿De qué dependerá el resultado? De cómo planteen cada partido Guardiola y Mourinho, de lo que los jugadores pongan en el campo y del físico con el que llegue cada equipo. Lo que los entrenadores tienen que aportar está claro. Ninguno puede conformarse con lo ya mostrado porque no sería suficiente. Sus pizarras estarán que echan humo. Lo que los jugadores se guardan y pueden entregar será decisivo, y quizá el “fondo de armario” aquí sea lo más relevante. La potencia con la que llegan todos los jugadores (titulares o no) del equipo merengue se opone a la multitud de lesiones en el vestuario culé, sobre todo en defensa.

El Madrid ha salido airoso y victorioso en los dos últimos choques, pero no se pueden olvidar de quién es el Barcelona. Los culés, si quieren vencer, tendrán que ser fieles a su estilo, pero tampoco pueden obviar que parece que los blancos les han tomado la medida. El partido en el Bernabeu de mañana y el del Camp Nou de la semana que viene serán muy distintos a los ya disputados y diferentes entre ellos. Para los blancos, confianza y respeto al rival, que nada está vencido por haber mejorado en las últimas semanas; para los blaugranas, paciencia y cuidado, porque tienen frente a ellos a un poderoso rival, probablemente el mejor.

Para los aficionados, independientemente del equipo por el que profesen fé, sentémonos a disfrutar (aún si no eres seguidor de ninguno de los dos). Y no nos olvidemos de otro detalle, aún queda por disputarse la Supercopa. En Agosto tendremos otros dos clásicos. Menudo año este 2011.

Kike Martín

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