Con esperanza e ilusión esperaba la afición madridista el tercer clásico. Lógico, los de Mou venían de demostrar que al Barcelona se le puede jugar de otra manera. En Valencia se vio que era posible hacerle daño a un equipo que parecía invencible. La final de Mestalla resuelta en un pequeño detalle, dejó la sensación de que el Madrid había realizado una gran primera mitad desactivando el juego culé.

Por ello, los blancos no eran favoritos pero si ganaban en confianza. El Madrid que adelantó lineas y que incomodó al Barcelona en Valencia ayer no apareció. Disposición similar al primer partido de liga. La diferencia, que el Barcelona no se vio sorprendido y tuvo la paciencia necesaria. En eso se traduce la escasez de fútbol que se vio durante la primera mitad. Reinaba el despropósito y las malas artes a partes iguales. Reinaba la proposición del Madrid.

Es difícil descubrir la estrategia que propuso Mourinho. Aguantar la primera mitad y en la segunda estirarse, o permanecer en campo propio durante todo el partido. Una incógnita. Lo que es cierto es que el Madrid con la entrada de Adebayor ganó una pizca de profundidad. Parecía que se estiraba, hasta la expulsión de Pepe.

 El portugués no es un enciclopédico. Su expulsión condicionó el partido. Expulsión perfectamente evitable al igual que rigurosa. Cuando elevas la plancha a cierta altura corres el riesgo de ser expulsado. Con uno menos el Madrid se descompuso, Mou no hizo ningún cambio y el Barcelona se aprovechó. Entre Xavi y Messi se encargaron de colocar al Barcelona con un pie en Wembley.

 Este tercer clásico nos dejan muchas cuestiones en el aire ¿Por qué Mou enfocó tácticamente el partido como en Liga?¿Por qué demasiados jugadores abusaron del teatro?¿Cómo puede el Bernabéu no exaltarse en una primera parte infame?

Pedro Antolinos

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