Otra más para Obradovic, y van ocho. Ocho Euroligas conquistadas por el entrenador serbio, el mismo número que el equipo con más trofeos (el Real Madrid Baloncesto) con el que la ganó en 1995. El Panathinaikos ha conseguido la alzarse con el título en Barcelona frente a un correoso Maccabi; su horroroso tercer cuarto y la gran intensidad defensiva por parte de los griegos acabaron por abrir una brecha en el marcador que no serían capaces de solventar. El MVP fue para Dimitris Diamantidis, que se fue hasta los 24 de valoración (16 puntos, 5 rebotes, 9 asistencias).

El acierto de Eidson y Pnini permitía a los hebreos no alejarse demasiado en el marcador frente a su rival, dirigido por un gran Diamantidis, aunque bien es cierto que en casi la totalidad del encuentro el Maccabi fue por debajo. No fue el mejor partido de Schortsanitis, uno de los hombres “clave”; la defensa que Obradovic planteó sobre él dio sus frutos y sus constantes problemas de faltas sólo le permitieron anotar 4 puntos para su equipo (ninguno en la primera mitad) y, lo más sorprendente, ningún rebote para uno de los jugadores interiores más grandes de Europa.

Un verdadero punto fuerte de este Maccabi finalista es su afición. Si contra el Real Madrid en el primer encuentro parecía que el partido se jugaba en su estadio, en esta final llevaron a su equipo en volandas hasta el dsecanso, que llegó con 33-30 para el Panathinaikos. Los de Tel Aviv vivían del recurso del triple, con 6/13 por 1/8 de los griegos. La pintura era el lugar preferido de los de Obradovic y Batiste hacía cada vez más daño ante la incapacidad defensiva del Maccabi.

La segunda parte mejoró las estadísticas de tiro exterior de los griegos; tres triples consecutivos de Sato y Nicholas ayudaron a endosar un parcial de 16-3 que acabó con las esperanzas del Maccabi, que incluso había llegado a liderar el marcador. A pesar de una leve recuperación en el último cuarto comandada por Eliyahu y Eidson (llegaron a estar 69-64 a falta de 1:20), el acierto de Diamantidis y Batiste permitieron al Panathinaikos alzarse con su sexta Euroliga.

Real Madrid

El Real Madrid se despidió de Barcelona con un sabor agrio y un mar de dudas que planean sobre el equipo. Si bien el hecho de haber entrado en la Final Four tras quince años fue un gran paso, la mala imagen mostrada en ella por el conjunto de Molin ha avivado las críticas sobre el equipo. En la semifinal, a pesar de que durante algunos minutos pareció dispuesto a luchar de tú a tú frente al Maccabi, se disolvió como un azucarillo a medida que avanzaban los minutos. La juventud de la plantilla o la inexperiencia de algunos de sus jugadores han sido las “excusas” principales, pero está claro que algo debe cambiar en los partidos clave, donde determinados hombres importantes del equipo bajan su rendimiento.

En la semifinal frente a Maccabi (82-63), sólo Felipe Reyes y Ante Tomic superaron los 10 de valoración, y sólo siete jugadores de la plantilla anotaron para el conjunto blanco. Frente al Montepaschi (80-62), en un partido intrascendente, Clay Tucker y Sergio Rodríguez (el base canario especialmente) demostraron que el Real Madrid no pasa por su mejor momento y que ellos son los que mejor ilustran esta realidad.

Autor: El Bigote de Preciado (@preciadobigotin)

Fuente imágenes: as.com (Sonia Cañada); euroleague.net; que.es; Reuters
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