Gracias por todo, Seve

Severiano Ballesteros (9 de abril de 1957 – 7 de mayo de 2011) fue mucho más que un deportista: fue un adelantado, un inconformista que revolucionó el golf y derribó las barreras que lo mantenían como un deporte elitista que triunfaba entre las altas esferas británicas y los repletos bolsillos estadounidenses. Un muchacho de Pedreña, una pequeña localidad cántabra con tradición golfista, sobrino de Ramón Soto (uno de los mejores de su época en este deporte) e hijo de jardinero que practicaba su juego favorito aunque para ello tuviese que saltarse las normas, colarse en el campo de golf para mejorar su swing cuando menos gente había o repetir una y otra vez golpes imposibles en las playas del Cantábrico. Sobre la arena imaginaba que su rival era Gary Player, uno de sus ídolos de la infancia, el primer golfista no estadounidense que conseguía la ansiada “chaqueta verde” (era sudafricano). El segundo que lo consiguió, y por ello el primer europeo, fue Seve.

 “Un jugador que ha hecho cambiar la percepción de este deporte. Lo que parecía un pasatiempo para papás se convirtó en una cuestión de pasión y belleza, de entusiasmo y valor” Kevin Garside (Daily Telegraph)

Su carta de presentación la había mostrado unos años antes. Comenzó a despuntar en Europa con 19 años, en 1976, ganando el Open de Holanda, la Copa del Mundo por equipos y el Trofeo Lancôme. Pero su mayor logro ese año fue su segundo puesto en el Open Británico, el major más antiguo y para muchos el más prestigioso. Los aficionados lo intuían, pero él lo sabía: iba a ganar ese torneo. En apenas tres años ganó trofeos en los cinco continentes: Kenya, Japón, Nueva Zelanda o Estados Unidos fueron algunos de los lugares donde el imberbe chaval de Pedreña comenzó a forjar su leyenda. En 1979, tres años después de aquel segundo puesto, se alzó con el Open Británico tras firmar 283 golpes durante el torneo. Allí confirmó lo que analistas venían anunciando: acababa de nacer un genio, un rebelde que desafiaba las reglas del juego clásico con una capacidad de concentración sublime.

Si la incidencia de Seve Ballesteros en el golf mundial era inmesurable, imagínense lo que significaba para España, un país en transición cuyas máximas figuras deportivas eran Manolo Santana (tenis) y Ángel Nieto (motociclismo). Abría las puertas a un nuevo deporte en nuestro país donde se comenzó a practicar con más ahínco gracias a la construcción de campos de golf, torneos importantes que se disputaban en suelo español y la afición que creó en una generación de chavales que crecieron escuchando y viendo sus hazañas. Entre 1979 y 1988 ganó más de 50 torneos, entre los que destacan sus tres Open Británicos, dos Masters de Augusta, tres Ryder Cup, y cuatro Match Play.

“Es difícil que en algún sitio se hayan derramado tantas lágrimas por la muerte de Severiano Ballesteros como en las islas británicas. Era un héroe, no ya por la maestría que destiló con los palos de golf, sino por su irresistible personalidad” Walter Oppenheimer (El País)

Uno de los motivos de la gran conexión entre Seve y Reino Unido fue la genialidad del cántabro. El público de los mejores campos británicos, acostumbrado a seguir el golf como si de una ópera se tratase, veía en Seve a un rebelde, un joven aprendiz de mago que era capaz de visualizar golpes imposibles donde otros sólo veían búnkers. También “Sevy”, como le apodaron allí, tenía mucho que agradecer a las islas: era el lugar que lo había encumbrado a la gloria y que con mayor respeto (junto a Japón) lo trataba. Hemos de reconocer que no podemos decir lo mismo de España. El día que ganó su segundo Open Británico, en 1984, TVE emitía una carrera de caballos en lugar del prestigioso torneo. Y eso molestaba (y mucho) al genio de Pedreña, que no se le diese al golf la cobertura necesaria en nuestro país para que promocionarlo y popularizarlo.

Las lesiones de espalda fueron cada vez más continuas en sus últimos años de carrera; debido a esto disminuyó el número de torneos en los que participaba. El último trofeo importante que conquistó, y uno de los que guarda mejor recuerdo, fue la Ryder Cup de 1997, que se disputó en Sotogrande y en la que él fue el capitán del combinado europeo. Era la primera vez que este prestigioso torneo no se jugaba en suelo británico o estadounidense y este hito también se lo debemos a Seve.

“Seve fue uno de los golfistas más emocionantes y con más talento que han jugado en la vida. Su creatividad e intensidad en un campo de golf puede que nunca sea superada” Tiger Woods

En octubre de 2008 se le diagnosticó un tumor cerebral al acudir al hospita tras haber sufrido un desmayo. Unos días después de la noticia, Seve fue operado en el Hospital Universitario La Paz de Madrid. Hubo de ser operado varias veces más y permaneció dos meses ingresado, en los que recibió más de 300.000 mensajes de ánimo de personalidades tan dispares como Bill Clinton, Tiger Woods o Gary Player. Seve emprendió entonces una de sus mayores empresas: puso en marcha la Fundación Severiano Ballesteros para, en sus palabras, “unir a los mejores científicos españoles y europeos en una alianza que nos permita competir contra esta enfermedad”. Con “esta enfermedad” se refería a los tumores cerebrales y, aunque era consciente que los avances que consiguiesen no podrían ayudarlo a él, puso en este reto todas las fuerzas que le quedaban, para poder ayudar a aquellos que no tuviesen recursos, para investigar a fondo las causas y los cauces para combatirlo.

Nos dejó en la madrugada del 7 de mayo; la terrible enfermedad a la que Seve había vencido tres años antes vino con más fuerza que nunca y el corazón más grande de Pedreña dejó de latir; hubo quien dijo que Dios necesitaba mejorar su swing y que por eso se llevó al mejor. Imagino a Seve allá arriba, con su hierro 3, el único palo que tenía cuando era un niño, embocando bolas imposibles; sólo espero que Dios lo trate de usted, el genio de Pedreña no merece menos.

Autor: El Bigote de Preciado (@preciadobigotin)

Fuente imágenes: El País, dailymail; elespectador
Anuncios