En cuanto a excentricidad solo Salvador Dalí pudo ganar al estadista que protagonizaba la última anécdota de la anterior entrega. Cuentan que una vez llevó a un restaurante de Nueva York a su guepardo domesticado y una dama se horrorizó con la visión del felino. “Es solamente un gato”, le apaciguó Dalí, que apuntilló: “Le he pintado las manchas para darle un toque artístico”. Todo acabó en risas mientras ella se preguntaba cómo habría podido confundirlo con un guepardo salvaje.

A veces la extravagancia de un artista requiere un especial coraje, como la vez en que un oficial del ejército alemán vio una fotografía del Guernica en el apartamento parisino de Picasso y le preguntó: “¿Ha hecho usted esto?” El pintor malagueño le contestó rotundo: “No, lo habéis hecho vosotros”. La fama, como atajo a la excentricidad, es un atajo inagotable de anécdotas.

Poco antes de despegar, una azafata se acercó al boxeador Muhammad Ali y educadamente le pidió que se abrochase el cinturón de seguridad, a lo que él respondió soberbio: “Superman no necesita cinturón de seguridad”. La azafata muy sonriente le contestó: “Superman tampoco necesita un avión”.

Muhammad Ali tumbando a Sonny Liston

Una noche, tras haber pasado todo el día tratando de rodar una escena de la Pantera Rosa, Peter Sellers telefoneó de madrugada al director Blake Edwards: “Acabo de hablarlo con Dios y me ha dicho cómo tengo que hacerlo”. Al día siguiente se dispuso a rodarlo y fue un calamitoso desastre. El director le dijo: “La próxima vez no hables con Dios, y dile que abandone el negocio del espectáculo”.

Woody Allen

Más modesta fue la respuesta de Woody Allen al enterarse de que se encontraba en la lista de los hombres más deseados por las mujeres francesas: “Por alguna razón gusto más en Francia que en mi propio país, los subtítulos deben de ser muy buenos”.

El sentido común también prevaleció cuando Gregory Peck entró en un restaurante atestado de comensales, y ante la petición de un acompañante de decir quién era para que le consiguieran una mesa contestó: “Si tienes que decir quién eres, es que no eres nadie”. Para acabar y si usted está ya firmemente convencido de que los famosos están locos, esta última anécdota sobre una supuesta conversación por radio entre un oficial de la Marina de Estados Unidos y unos guardacostas de Canadá. Nadie es inmune al disparate:

–          Oficial de la Marina: “Le habla un capitán de un buque de guerra estadounidense. Por favor desvíe su rumbo 15 grados al norte para evitar la colisión”.

–          Guardacostas canadiense: “Le recomendamos varíe su rumbo 15 grados al sur para evitar la colisión.”

–          Oficial de la Marina: “Le hablo desde la USS Missouri, un inmenso destructor de la Marina de Estados Unidos. ¡Desvíe su rumbo AHORA!”

–          Guardacostas canadiense: “Le hablo desde un faro, cambio y corto.

Aída Martín Quirós

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