Terrence Malick en una de sus contadas fotografías

La película “El árbol de la vida” ha sido la ganadora de la Palma de oro en el último festival de Cannes. Su director es de sobra conocido, pero no por ser una figura acostumbrada al relumbrón del glamuroso mundo del cine. Con este último galardón, Cannes ensalza la leyenda de Terrence Malick.

Malick no concede entrevistas, e incluso incluye en sus contratos una cláusula que le libera de participar en actos promocionales. Vive fuera de Hollywood. De hecho, no acudió a recoger su última Palma de oro aunque los focos del cine mundial le estaban esperando. Lleva haciendo cine desde hace mucho tiempo, pero sólo ha dirigido seis películas. Algo extrañamente atípico, un cineasta que solo habla cuando tiene algo que decir.

Su nombre se dio a conocer en 1973 con “Malas tierras”, un extraordinario drama que conduce la rebeldía de una pareja de jóvenes en una América rural y hostil. La diferencia de éste con innumerables títulos similares es el estilo, el mundo propio que es capaz de generar en cada una de sus secuencias.

Escena de "Days of heaven", ganadora del Oscar 1978 a mejor fotografía.

De su segundo film, “Dias del cielo”, me permito subrayar la sutil disección que realiza de extraños personajes. Una vez más, absorbe al espectador en un complejo tejido de emociones que se sitúan en un tiempo complicado.

Con “La delgada línea roja”, estamos de enhorabuena en recibir una cinta diferente ambientada en la II Guerra Mundial. Nuestra memoria está suficientemente bombardeada de películas que tratan de la amistad, de la pérdida del compañero de fatigas, y temáticas parecidas que explotan el supuestamente inagotable manantial del drama del guerrero en el fragor de la batalla. En este caso, la crudeza emotiva de algunos de sus pasajes sacude al espectador de su cómoda butaca de cine bélico.

Malick dirige sus películas con un compás característico. Su poética es magnética, lo que quizás enmaraña alguna de sus historias como en “El nuevo mundo”. Aun así, Terrence Malick sorprende con secuencias de excelente gusto y deja sensaciones impagables.

Ahora “El árbol de la vida” suma otro capítulo a la leyenda de Terrence Malick, un director atípico que ha conseguido labrarse un nombre propio en el mundo del cine. El aura que lo protege conserva un estilo inconfundible. Su garantía es que volverá siempre que tenga algo que contar.

David MD

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