Estrenada en 1963, El Gatopardo (Il gattopardo) es una de las grandes películas del realizador italiano Luchino Visconti. Es la Italia de 1860 y nos encontramos con el periodo del Risorgimento, movimiento que apuntaba a la creación de una Italia unida y libre de la dominación extranjera.

Por un lado, este movimiento era conducido por las fuerzas políticas y militares del rey de Cerdeña, y por el otro por las sociedades secretas como la “Carbonería” y la “Joven Italia“. Estas difundían la idea de libertad y promovían insurrecciones con tendencia a la unificación.

La película narra la vida de Don Fabrizio, príncipe de Salina, y de toda su familia se ve alterada por la invasión a Sicilia de las tropas de Garibaldi durante la unificación italiana. La familia del príncipe se refugia en su casa de campo en Donnafugatta, con ellos también se desplaza el joven Tancredi, sobrino de Don Fabrizio.

 

El film es una adaptación de la novela del escritor siciliano Tomasi di Lampedusa. La obra es una recreación de esta historia, pero Visconti le añade su propia obra de arte de aquellos detalles únicos como por ejemplo una cuidada e impecable escenografía. Además, realiza un gran trabajo en el campo artístico del film. La escena del baile final posee una gran riqueza visual y musical. Esta secuencia cierra el filme, aunque en la novela de Lampedusa éste no constituye el final. En la obra de Luchino Visconti, la secuencia dura 45 minutos, una desmesura propia del realizador italiano. Es una larga despedida a un pasado brillante, generoso en oro y tiempo para gastar. Elegía de elegías en estos nobles salones con ciertos toques de romanticismo.

Visconti, a pesar de tener influencias marxistas, pertenece a la clase alta y poseía ciertos derechos y privilegios a los que no se atrevía renunciar. Este film no critica las clases poderosas, sean nobles o burgueses, todo lo contrario, agranda sus estilos de vida y costumbres, la cámara lo registra obsesivamente. Aquel estilo de vida se perderá en la noche de los tiempos una vez que la burguesía sustituya a la nobleza. El elenco actoral está muy bien comedido sobretodo ese gran intérprete que siempre fue Burt Lancaster o la esplendédida candidez y belleza que desprende Claudia Cardinale.

La música, como en todo gran film, ocupa un lugar especial. Fragmentos de ópera y la partitura original quedan a cargo del conocido director Nino Rota, el cual ilustra la escena del baile final con un vals de Giuseppe Verdi. Toda la película tiene referencias operísticas: La Traviata, La sonámbula de Bellini, etc.

Finalmente, la inteligencia del filme radica en mostrarnos la vida como una ópera rica y divertida, y en disimular ciertos pecados de corrupción y amorales propios de la humanidad en medio de convulsiones políticas y personales.

 Sergi Laparra

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