La resaca de Champions nos deja titulares grandilocuentes. Quioscos del mundo entero se llenan alabando las virtudes del Barcelona. Campeón merecido y que será recordado.

Desde la ya agotadora dicotomía que asocia los destinos de Madrid y Barça como las dos caras de una misma moneda, podemos imaginar lo que se siente desde el otro lado. Una comparación vulgar, en primer lugar, porque la historia de ambos clubes no se merece una simplificación tan absurda. Y en segundo lugar, porque resultaría ramplón comparar un éxito como este.

Pero permitiéndome esta licencia, he de decir que no me imagino un triunfo similar en el Real Madrid de hoy día, y no por  ser incapaces de ganar y levantar la copa, sino por una razón mucho más profunda. La evidente comunión entre afición, club y equipo que existe en Can barça es difícilmente imaginable en el Madrid actual, acostumbrado al éxito de la urgencia y de la polémica.

También es cierto que el triunfo es hábil mentiroso creando la ilusión de que todo es perfecto, pero quizás este Barça se acerque mucho a ello.

Y no se trata de tonterías publicitarias como la de “mes que un club”, es más sencillo que todo eso. Se trata de un estilo sólido y atractivo, que integra la cantera y los valores de club en objetivos del más alto nivel. Un equipo que se reconoce a sí mismo de una temporada a la siguiente. Parece fácil, pero el Real Madrid está en otra historia desde hace algunos años.

Se habla de encontrar el modelo como si fuera la panacea, la pócima secreta que torna los males en victorias. Nada de eso es secreto, está en los clubes y se materializa en el campo. Esta clase de triunfos no se consiguen con atajos. Ahora recuerdo aquello de: “caminante, no hay camino, se hace camino al andar”.

David MD

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