Cuando termina de rodar el balón, empieza el verdadero baile de la industria del fútbol. Con el fin de la temporada, asistimos al teatro acostumbrado de idas y venidas. Muchos renuevan sus fuerzas pensando en la siguiente campaña, cambian de camiseta o simplemente deciden aquello de “hasta aquí hemos llegado”.

Si bien hay muchos jugadores que acaban su carrera en el más oscuro anonimato, existen otros casos en los que el adiós de un deportista consigue poner una sonrisa amarga en el rostro de los amantes del buen fútbol. Es el caso de dos integrantes del Manchester United. La final de Champions puso el punto final a la trayectoria de Van der Sar y Paul Scholes. Profesionales de gran prestigio y de reconocido valor en el campo.

Algunas despedidas son meras formalidades, otras en cambio son despedidas tristes, sinceras. Muchas se corresponden con figuras que han pasado la mayor parte de su vida deportiva en la misma casa, donde la afición ha visto crecer, triunfar y marchitar a una misma persona. Son banderas de un club.

Pancarta a Del Piero

Lo penoso de la situación es que hoy en día, nos llegan a sorprender este tipo de trayectorias. Me vienen a la cabeza los Gerrard, Del Piero, Puyol, Totti, Giggs o el mismísimo Scholes. Nombres ligados a unos colores que son parte viva de su historia. El ánimo de club ha hecho seguir a cada uno de ellos en sus equipos (no mencionamos subidas salariales y fichajes frustrados para no romper el romanticismo de la historia). Es por ello que cuando se retiran, se siente que parte de la historia de un equipo se acaba. Solo queda recordarla y  aprender de su figura para seguir adelante.

Pero no todo es tan bonito en dinerolandia. Algunos ceden ante el poderoso parné y deciden cambiar de bando, algo que cualquier hincha es incapaz de entender en su idealizado mundo del balón. El dinero es papel mojado para los seguidores, por ello resulta fácil de entender el escozor que produce la marcha de sus ídolos por un motivo tan caro y vulgar.

Así vemos que los mismos dioses son los mismos criminales. Estrellas que un día se convierten en enemigos. Es más difícil de lo que parece diferenciar estas facetas, es cuestión de meses, días. Diferentes máscaras para un mismo deportista.

Así pues tenemos ejemplos como Ibrahimovic. Campeón de liga durante 8 años consecutivos en 5 equipos diferentes (contando los dos títulos de Serie A conquistados con la Juventus desposeídos en los juzgados por el Moggigate). Cobrando y haciendo circular cantidad de dinero alrededor de sus traspasos. Todo este dinero ha hecho vencedores a sus equipos, más allá de la poca o mucha responsabilidad que haya tenido en cada uno de ellos. Si no, concedámosle todo el mérito a la más perversa casualidad.

La historia no le identificará con unos colores, como a muchos otros. Lo de ser bandera de un club y recordado con el aprecio que se les reserva a éstos, parece ser una cosa del pasado. Es incuestionable que las circunstancias del fútbol han cambiado, pero disfrutemos de aquellos recuerdos que unen un equipo y una persona, la bandera de un club.

David MD

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