Santana,Gimeno, Bruguera, Moyà, Ferrero o Costa fueron uno privilegiados que alzaron la bandera española en un territorio tan cercano y lejano a la vez. Hace siete años, un chico aparentemente normal, sobrino de un histórico del Mallorca y Barcelona se coronó en Roland Garros por primera vez. Era la confirmación de un chavalín de Manacor que tenia algo especial. Su condición de luchador ante todas las adversidades hizo que nos identificáramos con él.

Hoy en 2011, aquel adolescente ya es un adulto en minoría, y en la tarde de ayer consiguió su sexto Roland Garros. Igualó al mito Bjorn Borg con su sexta victoria en París y alzó el décimo Grand Slam de su carrera deportiva. Con sólo 25 años, el de Manacor probablemente a día de hoy es el mejor deportista español de la historia. Pasarán muchos años hasta que un tenista nacido en la península alcance a Nadal, tal vez este sea un extraño caso en la historia de un país que disfruta con ahínco unos éxitos que nunca esperaba. Cuando se retire seremos conscientes de lo que hemos visto.

Y más mérito tiene aún enfrentarse al mejor tenista de la historia, Roger Federer. Si Nadal no hubiera existido, el suizo habría tocado la gloría en muchas más ocasiones. Hay está el mérito del manacorí, a diferencia de antiguos campeones en París, a día de hoy el español se enfrenta a jugadores que pasarán a la historia de este aclamado deporte.

En el cuarto enfrentamiento en una final de París, Nadal volvió a sobreponerse al suizo por un 7-5, 7-6, 5-7 y 6-1. Ayer, en una tarde nublada no apta para la práctica del tenis, la templanza mental del español volvió a ser decisiva. Su hegemonía empieza en la humildad y acaba sabiendo medir sus impulsos. Todo tenista que quiera estar entre los grandes debe saber calibrar su pensamiento, esta es una de las diferencias entre Nadal y el resto.

Porque el número 1 del mundo no ha estado fino en este torneo. Sus dos primeros partidos le valieron para ser consciente de que su tenis menguaba al mismo ritmo que su moral. Era necesario una cura de humildad y su tío Toni estando en el momento y en lugar volvió a ejercer de psicólogo ante un tenista que por prestigio no debería necesitarlo. Pero Rafa es humilde y además es normal, cualquiera de los presentes cambiaríamos de personalidad solo por superar la primera ronda de un Master 1000. Esa es la diferencia.

Con su victoria ante Soderling se volvió a ver al Rafa Nadal de antaño. Moralizado y con un tenis algo distinto supero a su única bestia negra en París en tres sets. Fácil. También se sobrepuso a un Murray que tenía la sana intención de sacarlo de su hábitat natural, el fondo de la pista. El escocés tampoco pudo hacer nada ante un tenista que había quedado con la historia.

 Ayer, 5 de junio, en la Philippe Catrier, a las tres de la tarde, Rafael Nadal Parera tenía una cita. No faltó, con su vestimenta habitual y con unas ampollas molestas, se dispuso a hacer un tenis correcto y con mucho corazón. Ganó. Tras el acto, volvió a ejercer de caballero felicitando a un público cansado de él,y levantó la copa. En ella se reflejaba la arcilla que también forma parte de la historia, a su vez, un público entregado cambió su discurso y gritó: ¡Rafa, Rafa, Rafa!

Pedro Antolinos

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