En agosto, en pretemporada, lejos de la exigencia propia de un título trascendente, estos dos clásicos nos han dejado los mejores enfrentamientos entre Barcelona y Madrid de los últimos años. El año pasado la complejidad de Mourinho se tradujo en partidos inverosímiles donde el buen fútbol no predominó. Porque en esta Supercopa de España, el ritmo y la alta intensidad han sido predominantes. El trofeo se fue para Barcelona pero lo realmente reseñable es la sensación de que este año los clásicos van a tener más historia que nunca.

 El Madrid fue protagonista en el empate del Bernabéu y en Barcelona lo intentó ser. Con una presión incesante a la zona de creación defensiva blaugrana, Mourinho utilizó una disposición táctica similar a la del domingo, así Ronaldo gozó de una clara ocasión que un gran -otra vez- Valdés se encargó de desbartar. Ambos equipos abusaban del pase largo buscando la diagonal de su parte atacante hasta que Messi volvió a aparecer entre líneas. Aún no se ha descubierto antídoto a la variante propuesta por Guardiola, en ella el argentino baja a recibir al centro para que tanto Villa como Pedro se movilicen al interior. Esta acción volvió a dar sus frutos cuando, el número 10 recibió en el medio e improvisó un pase maravilloso para que Iniesta llegando desde atrás definiera sutilmente ante Casillas. El Barcelona volvía a golpear primero en un duelo con un ritmo sin precedentes.

 Pero el Madrid, lejos de amilanarse, respondió a los tres minutos cuando Ronaldo aprovechó un rechace para establecer las tablas en el marcador. El Madrid necesitaba otro gol y quiso ser protagonista. Pero el guión estaba escrito, protagonista, otra vez un Leo Messi sublime ante lo predecible. Cuando moría la primera parte, el argentino tras una asistencia de tacón de Piqué levantó levemente el balón ante un Casillas que veía como su equipo se marchaba otra vez al descanso por detrás. El empate era lo justo -minutos antes Cristiano mandó un balón al larguero- pero Messi es único y en su segundo partido en la temporada volvía a lidear a un Barcelona con presencia pero sin chispa.

 La segunda mitad se vio influenciada por una disminución del ritmo hecho más que evidente por la alta frecuencia de movimientos reseñados durante la primera mitad. Un Barcelona cansado y con pocos argumentos esperó una posible contra ante un Madrid escaso de movimientos y de apoyos. Los blancos presentaban unas credenciales que morían en la zona defensiva blaugrana. Ramos tuvo la igualada en un cabezazo que se marchó a escasos centímentros de la portería de Valdés.

 Lo bueno se hacía esperar, los últimos diez minutos de partido volvieron a rubricar que esto era más que una simple Supercopa. Cuando Barcelona era feliz y preparaba el homenaje a Cesc, Benzema se hizo con un balón dentro del área pequeña y definió para hacer el empate a dos. Olía a prórroga y Fábregas se quedaba sin ovación. Los nervios y las prisas volvía a la agenda culé, más minutos no beneficiaban a un equipo falto de forma física. Ahí fue cuando apareció la figura del indiscutible mejor jugador del mundo, repudiado en argentina y venerado en Barcelona, Leo Messi apareció en el 89 para sentenciar a la derecha de Casillas. El partido se volvía loco y el Barcelona tras superar a un mágnifico rival se hacía con el primer título de la temporada. Después nos iríamos, a una mar de riñas propiciadas tanto por el juego agresivo del Madrid como por el teatro irrisorio del Barcelona.

 Así finalizó una eliminatoria donde ha quedado claro que el Madrid de Mourinho está más cerca del Barcelona. Este año, los enfrentamientos Madrid – Barcelona se presentan como más apasionantes que nunca. Mourinho se ha quitado los complejos y ello beneficia a un fútbol que ya espera el próximo enfrentamiento entre los dos grandes de nuestra liga.

Pedro Antolinos

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