Rooney, autor de tres goles

El ocho no es un número como cualquier otro en la sociedad anglosajona. Se trata de una división importante en cuanto a mediciones se refiere. ¿Saben qué es un galón? Ocho pintas. ¿Y una onza? La octava parte de una taza. Y así podríamos seguir con las millas y los furlongs, por ejemplo.

Entonces, ¿qué supuso el fallo garrafal en defensa de Djourou, principalmente, y Szczesny en el primer gol del United? Pues apenas nada, una octava parte de lo que aún estaba por venir. Una minucia, una nimia tontería que apuntar en la lista de cosas a mejorar. Pero realmente significaba algo más, pues la línea defensiva gunner parecía la línea más fuerte del equipo para esta temporada. Al menos la zaga titular -Sagna, Koscielny, Vermaelen, Gibbs- porque de los suplentes (Djourou, Squillaci, Traoré…) no se puede decir lo mismo.

Los goles se sucedieron como una representación cruel que se dramatizaba en el Teatro de los Sueños. Young y Rooney quitaban las telarañas de las escuadras de la portería del joven meta polaco con una sencillez que atemorizaba a la cada vez más angustiada hinchada gunner. Y, para colmo de males, van Persie encontraba en De Gea un muro infranqueable, sin importar la distancia o la oposición, el portero del Manchester United no permitiría al capitán del Arsenal marcar hasta la segunda parte. Para cuando van Persie hizo su gol, allá por su tercera o cuarta ocasión clara, su equipo ya iba perdiendo 6-1 en lo que significaba una derrota histórica. Y aún debían llegar dos goles más, para mostrar en el luminoso un 8-2 para el recuerdo de cualquier aficionado que viese el partido. Los seguidores del Manchester United nunca olvidarán este partido. Tampoco lo harán los del Arsenal, por mucho que se esfuercen.

Los aficionados del Arsenal pueden estar agradecidos al Manchester United. Y hago esta afirmación completamente convencido. Parece que esta es la única manera de que Wenger se dé cuenta de que esta es la peor plantilla que ha manejado desde que llegó al Arsenal, allá por septiembre de 1996.

En los partidos previos a la debacle contra el Manchester United, siempre tenía una excusa a mano para explicar los malos resultados: Wenger había achacado las malas actuaciones a la poca efectividad de cara a gol, a las bajas, a las expulsiones de alguno de sus jugadores o a la presión que tienen los jóvenes de la plantilla. Todo eso es cierto, pero también lo es que con esta plantilla el Arsenal no puede competir por títulos. No puede competir porque no tiene nivel. Y no tiene nivel porque no se ha reforzado. ¿Por qué no se ha reforzado antes? Pues porque, por increíble que les parezca, Wenger estaba convencido de que contaría con Nasri y/o Cesc para esta temporada. Y se encuentra el 29 de agosto, con un empate en tres partidos y sus “rivales” a 7 u 8 puntos, a dos días para el final del periodo de traspasos, con unos recursos limitados y con una derrota histórica frente a un rival, a priori, directo. A esta cortísima plantilla hay que añadir que este año se disputara la Copa de África, con lo que perderá a Gervinho y Chamakh durante algo más de un mes, si sus selecciones consiguen llegar a rondas finales (cosa muy probable cuando se trata de Costa de Marfil y Marruecos). Motivos más que suficientes para reforzarse.

El pesimismo se ha instalado en lo más profundo de Ashburton Grove. Si alguien es capaz de cambiar el rumbo, ese es Arsène Wenger, pero para ello deberá saber moverse en los próximos 3 días, claves para el resto de la temporada. Ya ven, de las decisiones de las 72 horas venideras dependerán los éxitos de los próximos ocho meses. Y así no hay seguidor gunner capaz de sonreír.

Autor: El Bigote de Preciado (@preciadobigotin)

Fuente imagen: EFE, prensalibre.com
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