Volvió la Champions, esa ardua competición que mide a los mejores equipos de Europa y que siempre nos depara sorpresas indescifrables. La primera de ellas, el martes en Barcelona. El actual campeón recibía a un gran Milan carente de carisma pero sobrado de valentía y trabajo. La fuerza de Ibraimovic cayó con la misma contundencia en la que se vieron los defectos de la defensa blaugrana. Busquets y Mascherano notaron en falta la jerarquía de Piqué o Puyol. Es tal la calidad de estos últimos que en cualquier plantilla del mundo se harían notar, el Barcelona no iba a ser menos.

Entre tanto Pato se coló en medio de una defensa apresurada en establecer la línea demasiado lejos y adelantó a los italianos. El Barcelona no fue el de las grandes ocasiones pero le hubiera bastado para ganar. Genial Messi y excelente Villa, el asturiano pierde en la banda efectividad y gol, hacer hincapié en su falta de olfato es sinónimo de incongruencia. La realidad es tozuda, el Barcelona no ganó por accidente. Thiago Silva en el descuento equilibró un marcador dejando claro que el Barcelona por arriba también sufre.

 Y llegó el Madrid, con el habitual ansia de décima. Con todo, con un Coentrao que a pesar de su buen partido sigue dejando señales de que su posición no es el centro del campo. El portugués, lateral de nacimiento está en la fase de asimilación de los automatismos propios de un mediocentro. El partido fue duro y tosco, los de Mourinho estuvieron mejor en la primera parte y merecieron irse al descanso en ventaja. Con un buen Benzema y un desatado Marcelo, los de rojo idearon una jugada que Di María acabó definiendo a la perfección. Tres puntos y para la capital. El debut en Europa debe saldarse con victoria y por ello el técnico portugués apuró todas sus naves. Ya habrá tiempo para el descanso.

 No piensa así Unai Emery, eterno incomprendido en busca del bloque que vuelva a situar al Valencia en Europa por tercer año consecutivo. Se les atragantó el primer partido, el Genk es la cenicienta pero en su debut ante su gente, se convirtió en un equipo compacto y duro. Ahora Unai tiene otro problema, Diego Alves con su magnífica actuación, se empeña en defender una zona defensiva encabezada por un excelente Rami.

 El último partido para sacar pecho sobre la hombría de nuestros equipos europeos nos dejó una derrota del Villarreal situada acorde con la realidad. El Bayern quiere estar en la final y su buen papel en el Madrigal ha sido el primer paso de la cruzada bávara. Fue un 0-2 justo y merecido. El conjunto alemán posee una mezcla de juventud y veteranía que hace peligrar la hegemonía psicología que ejercen Madrid y Barcelona en Europa. Otros de los candidatos a romper esa bipolaridad de sensaciones ( blancos y culés por equipo deben dominar en Europa) es el City de Agüero y Silva. Su primer partido europeo (1-1 ante el Nápoles) tiene cierto sabor agridulce. Todo indica que estarán arriba, si quiere Mancini claro.

Pedro Antolinos

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