La séptima jornada de la Premier League ha dejado un sabor muy amargo en el paladar de los aficionados gunners. Suman 7 puntos en otras tantos encuentros, números más comunes de un equipo que luche por el descenso que de un candidato a clasificarse para la máxima competición europea. Y, lo que es más preocupante, cuando el conjunto muestra indicios de poder recuperarse, un mazazo, bien en forma de lesión (Wilshere, Vermaelen, Sagna) o en forma de resultado (8-2 frente al Manchester United, 4-3 frente al Blackburn Rovers, 2-1 frente al Tottenham) disipa la leve sonrisa de los rostros de los aficionados y dibuja una mueca de preocupación en su semblante.

El último partido en White Hart Lane ha minado la moral de la plantilla y de la hinchada, no sólo por el resultado, 2-1 frente a su rival vecino, también por la desafortunada lesión de Sagna que ha sido operado tras fracturarse el peroné y estará cerca de 3 meses de baja. La semana pasada quien pasó por el quirófano fue Jack Wilshere, la esperanza gunner para esta temporada, tras no recuperarse de su fractura por estress en un hueso del pie. Se estima que estará alejado de los terrenos de juego entre 3 y 4 meses. Además de la ausencia del internacional inglés, Arsene Wenger también confirmó un retraso en al reaparición de Vermaelen con el primer equipo, cuya vuelta estaba prevista para el partido frente al Sunderland del próximo 16 de octubre; conociendo sus antecedentes (una lesión en septiembre del año pasado le impidió volver a jugar en toda la temporada), las noticias acerca de su recaída hacen dudar al más creyente.

El Arsenal adolece de una defensa errática, y esta línea es castigada continuamente por bajas, cambios y falta de estabilidad. Para el encuentro frente al Tottenham, Vermaelen, Koscielny y Djourou fueron bajas por lesión, e Ignasi Miquel estaba falto de ritmo tras recuperarse de unas molestias, con lo que Wenger se vio obligado a colocar a Alex Song en el centro de la defensa, posición que no es nueva para él pero en la que nunca se ha encontrado cómodo. La capacidad defensiva del Arsenal en los últimos años siempre ha estado en duda, pero el hecho de tener la posesión y llevar el peso del partido en la mayoría de los encuentros tapaba esta carencia, además del gran trabajo de los centrocampistas para ayudar en la recuperación del balón.

El nuevo problema está en el frente ofensivo. Es habitual, en estos primero encuentros, ver a Arteta recibir el balón en el centro del campo, levantar la cabeza y mover los brazos pidiendo movimiento a sus compañeros, ocurre dos o tres veces en cada partido del Arsenal. La movilidad de los extremos gunners brilla por su ausencia. Walcott ha comenzado con un paupérrimo nivel una temporada clave para él, con la Eurocopa de Polonia y Ucrania en el horizonte. El año pasado finalizó con 13 goles y más de una decena de asistencias en 38 partidos y parecía pieza clave en el cuadro de Wenger este curso. Es duro cargar sobre los hombros de un joven de 22 años tanta responsabilidad pero, en el norte de Londres, la fecha de nacimiento no se tiene en cuenta; si se hiciese, no habría jugado más de 180 partidos con el primer equipo. ¿Se puede exigir más de Arshavin y Gervinho, entonces? Debe hacerse. El ruso es una gran incógnita en Ashburton Grove, ha dado muestras de su calidad, pero siempre con cuentagotas, como si pudiese dar más y no quisiese. Quizá quiere y, en realidad, no puede, pero su actitud apática no le ayuda en su objetivo. Del marfileño uno se puede esperar lo mejor y lo peor: una llegada al área portentosa que finaliza con un disparo digno de un alevín o una jugada majestuosa que finaliza en la línea de fondo con un pase perfecto al rival más cercano. Tiene condiciones, quizá sea sólo cosa de adaptarse, va a seguir contando con la confianza de Wenger y tendrá que demostrar que la apuesta por él no ha sido un error.

Si a todo eso le sumamos la falta de regularidad de Ramsey, encargado de suplir a Wilshere durante su lesión, la inexperiencia de Coquelin, Jenkinson o Frimpong, y la falta de tiempo para acoplarse de los nuevos fichajes que se incorporaron el último día (Mertesacker es el único de ellos que juega con regularidad), el resultado es un equipo que coquetea con el descenso, que suma puntos contra equipos inferiores (económicamente) gracias a individualidades y que se ve incapaz de pelear frente a plantillas contra las que, se supone, deberá luchar por una posición que permita al Arsenal entrar en Europa la próxima temporada. ¿Hay algo positivo en todo lo dicho? Sí, que aún estamos en octubre.

Autor: El Bigote de Preciado (@preciadobigotin)

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