En 1952, Elia Kazan declaraba ante el Comité de Actividades Anti-Americanas. Su delación de compañeros de oficio que militaban en el partido Comunista en Estados Unidos le valió la marginación de una gran parte del sector cinematográfico. La denominada “Caza de brujas” iniciada por el senador McArthy se llevó a muchos buenos cineastas por el camino y otros muchos cayeron en desgracia. Una vez pasado el furor persecutorio hacia el comunismo en Norteamérica, empezó a salir a la luz los delatores; Kazan integraba ese grupo de célebres traidores a la causa ya que él también militó casi dos años en el partido Comunista. A partir de ello, allá por los años 60 Kazan cae en desgracia. Sólo un dato, a partir de ello, el cineasta de origen turco solo realizó cinco films en 40 años. Pero antes de ello realizó un magnífico trabajo con sus films. Sobretodo esa década prodigiosa que fue para él, los 50. Un tranvía llamado deseo (A streetcar named desire, 1951), Viva Zapata! (1952), La ley del silencio (On the waterfront, 1954) o Al este del Edén (East of Eden, 1955) son claros ejemplos de ello.

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