En cuanto a excentricidad solo Salvador Dalí pudo ganar al estadista que protagonizaba la última anécdota de la anterior entrega. Cuentan que una vez llevó a un restaurante de Nueva York a su guepardo domesticado y una dama se horrorizó con la visión del felino. “Es solamente un gato”, le apaciguó Dalí, que apuntilló: “Le he pintado las manchas para darle un toque artístico”. Todo acabó en risas mientras ella se preguntaba cómo habría podido confundirlo con un guepardo salvaje.

A veces la extravagancia de un artista requiere un especial coraje, como la vez en que un oficial del ejército alemán vio una fotografía del Guernica en el apartamento parisino de Picasso y le preguntó: “¿Ha hecho usted esto?” El pintor malagueño le contestó rotundo: “No, lo habéis hecho vosotros”. La fama, como atajo a la excentricidad, es un atajo inagotable de anécdotas. Más